lunes, 11 de mayo de 2015

Susurros de minutos.

Era un reloj que no quería dar la hora. Estaba colgado en mi pared dándome sombra... diciéndome que aún tenía tiempo, que aún podría hacerlo todo.
Y en la sombra de su promesa me quedé acogida y fresca, joven y bella.
Pero de verdad el reloj odiaba su función y cuando fueron las una con cinco sin un segundo más (o creo que uno más) cayó al suelo terminando su suplicio.
Como ya no estaba no sé si me di cuenta tarde o temprano, tampoco me enteré de lo que significaba y nunca supe si valía de algo... era solo tiempo, era solo un pasatiempo.
A las una con cinco fué, fue en esa hora cuando todas las horas sucedieron. Revivieron como una película en mis parpados que escondían mis ojos hechos cristal y luego las horas se destruyeron, se acabaron ¿o se escondieron?
¿Cuánto sabes sobre perder el tiempo? ¿Cuántos besos tuve en un minuto? y después de su suicidio, cuántos versos dolorosos se apoderaron de mis manos? cuánto se demoró mi alma en hacerse este acertijo de pistas arrebatadas con llanto, recuerdos y amoríos.
¿Era ese tiempo sobre el amor? O era sobre descubrir, descubrirlo a él y cubrir al anterior. O quizás era sobre un sueño, o sobre una ciudad.
Quizás nunca me arrimé a mi reloj, quizás siempre estuve mirándolo desde el mar... quizás solo me estaba ahogando en el mar, sin tiempo, sin límite, sin hora, sin deleite.
¿Sonreía? ¿Estuve ahí?
¿Me mintió?
Sus pilas y engranajes desparramados solo me dieron una y solo una pista.
No hay tiempo perdido si lo has perdido todo.
No hay ganancia si te has quedado sin tiempo
No hay una sola pista para frenar un hemorragia
No hay sangre suficiente para mantenerme viva después de te fuiste.