jueves, 26 de junio de 2014

Barramos.

Hay historias por las que vale la pena morir, ¿te arrepentirás de contar la tuya al final del día?
Supongo, digo... podría arrepentirme, cambiar, estamos aterrados de cambiar.
Digo... ¿no clamamos ser jóvenes en cada fiesta a la que vamos?; obedecemos nuestras propias reglas y creamos nuestros espacios donde nos hacen falta... y por qué esta generación está tan asustada de tomar nuevas decisiones, de esas que te comprometen por lo que parece un muy largo tiempo, por qué se nos hace tan poca la vida, pero tenemos el ridículo miedo que hacer una promesa que compromete el corto instante que estaremos vivos como si nos fuera a  condenar por una eternidad.
No viviremos para siempre, pero tampoco queremos hacer nada en ese no vivir prolongado.
¿Qué generación es esta? Dónde la amistad es tan corta y el amor tan profundo y letal pero nunca eterno....
No queremos romanticismos, hoy lo queremos todo rápido, veloz, ahora, pero espera... que cuando empecemos quiero que vayamos con calma...
LA CALMA te adormece hasta hacerte pequeñito, diminuto, un ente dormido sin ritmo cardíaco... se te pierde el latido...
LA RAPIDEZ te hace perder el control de todo lo que eres hasta explotar en el exceso de lo que te llenaste para intentar recordar lo que una vez fuiste.
¿Equilibrio? en un mundo sin balance, en donde todos quieren amor, pero nadie esta dispuesto a enamorarse, donde hay miedo porque si una vez te rompieron el corazón SIEMPRE te romperán el corazón, somos fatalistas, nos echamos a morir, y morimos... por enfermedades, pero ¿acaso alguna vez no estuvimos enfermos?
Intento sanarme de este ridículo miedo a perder, porque en este tiempo lo único que se pide es ¡SIEMPRE GANAR!, ¡SÉ LA MEJOR! ¡TÚ ESTÁS PARA GRANDES COSAS!. No quiero vivir a opiniones lindas y optimistas de los demás, no quiero ser la mejor a sus ojos y no quiero hacer grandes cosas para otros, no quiero ganar, ¡Quiero perder! equivocarme y perder el rumbo, el sentido, la razón y caer loca y llorar y que mis padres lloren y que la sociedad me compadezca, y que todos me perdonen, pero eso es si intento sanarme. ¿Y si acepto que siempre he estado enferma? ¿Si acepto lo que soy? ¿Que tengo miedo y que aún así no quiero perder?... 
Sí, las quiero todas aún cuando hago cosas malas, ¿es tan malo pedir un ideal? ¿es tan malo perder un ideal? ¿será que el problema es tener un ideal? 
¿Cuál es mi historia? Esta... por la que no me arrepiento porque sé que detrás de cada miedo librado en mí hay una especie de amor siendo mi escudo, hay contención, hay tiempo que me ha sanado, hay esperanza.
Hay un tú y yo que no me da tanto miedo contar, pero que aun no pudiendo intento tomarlo con calma.
Un tú y yo, que egoísta y ciegamente, y tercamente, no estoy dispuesta a dejar ir... 
Para eso querida generación si vale la pena perder el control, por la lucha de lo que sea que tu corazón te pida, vale la pena dejar una que otra cagá, siempre tendremos amigos con escobas, pololos que te irán a buscar una pala a la chucha y padres que confiarán en que tú no eres la peor parte de esta generación; es solo cosa de mirar la siguiente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario